El Grillazo

La alimentación en Venezuela: ¿Cómo ha cambiado?

El derecho humano al acceso, disponibilidad y utilización de los alimentos, en la cantidad y calidad necesaria para un consumo adecuado, se ha vuelto cuesta arriba para la mayoría de los venezolanos. ¿En qué punto estamos? ¿Cuáles son las consecuencias?

Todo para la comida

El Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio) señaló que el consumo alimenticio del venezolano bajó un 50% entre 2017 y 2018.

“¿Qué importa el sueldo? ¿Qué importan los aumentos si no hay poder adquisitivo? Todo lo demás es secundario. Todo lo demás es prescindible en un país donde la preocupación del 95% de sus habitantes se limita a conseguir comida”, dijo María Carolina Uzcátegui, presidenta de Consecomercio.

Según la líder gremial, “lo mínimo en cualquier nación alcanza para la canasta básica. Esta incluye la suficiente cantidad de dinero para que la persona pueda costearse su alimento, salud, educación, ropa y calzado”

En este sentido, el Observatorio Venezolano de la Salud (OVS) afirma que 94% de la población venezolana no cuenta con ingresos suficientes para pagar los precios de una canasta de alimentos y de servicios básicos.

Factor precios

Según el informe sobre la Evolución del consumo de alimentos en Venezuela, realizado por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello (Iies – Ucab), los precios han aumentado tanto entre 2018 y 2019, que con lo que hoy se compra un kilo de alimento, hace un año se podían adquirir varias toneladas.

Esta explicación que parece bastante exagerada se puede ejemplificar con un simple y cotidiano caso: hace un año, un kilo de papa costaba Bs. 40.000, mientras que este miércoles marca un precio de Bs. 450.000.000 (Bs.S 4.500). Su valor aumentó más de 1.100.000%.

¿En qué se traducen estos números? Con lo que hoy compras un kilo de papa, hace un año podías adquirir 11 toneladas; “suficiente” para cubrir el consumo de una familia de cuatro personas por más de dos siglos.

Hay aumentos más importantes. En un año, el precio del kilo de céleri subió 20 mil veces más, el valor del kilo de tomate se multiplicó por 10 mil 400 y el costo de un kilo de vainita criolla es 10 mil veces mayor.

Cambios y disminución en el consumo

Al respecto, en la última investigación publicada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Venezuela ocupa el último lugar en consumo de carne vacuna en Sudamérica.

En el trabajo, se observa que hoy el país solo consume cuatro kilogramos ‘per capita’, es decir, cuatro kilos de carne por persona al año.

La lista está encabezada por Uruguay, con 59,2, casi 15 veces más de lo que se consume en Venezuela. Siguen Argentina (58,4) y Brasil (42).

Algunas razones

Desde 2014, la producción interna y las importaciones de alimentos han caído simultáneamente en Venezuela.

La disminución de los productos agrícolas era compensada con altos niveles de importación, equivalentes a 65% de la ingesta calórica, pero las importaciones también se desplomaron, cayendo 70% entre los años 2014 y 2016, lo cual continuó sucediendo en 2017 y 2018.

“El 64% de los venezolanos había perdido unos 11 kg de peso entre 2016 y 2017, por el acelerado deterioro de la ingesta de alimentos en la cantidad y calidad necesaria, siendo más afectados los niños y las mujeres”, asegura el Observatorio Venezolano de la Salud.

Ante esta problemática, el gobierno venezolano reparte las cajas CLAP (Comité Local de Abastecimiento de Producción).

Según el presidente Nicolás Maduro “este beneficio le llega a más de 6 millones de familias cada 21 días, aproximadamente”.

Al respecto, la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2018 expone que “un total de 7,3 millones de hogares afirmaron recibir las bolsas o cajas CLAP”

En este sentido, “entre los consultados: 41,2% aseguró contar con los productos básicos mensualmente o incluso menos, 15,3% de la muestra afirmó que recibe la caja o bolsa cada dos meses. Pero en algunos sectores no hay regularidad en la entrega, por ejemplo, 43,4% señaló que no existe una periodicidad”, apunta el informe.

Esta caja contiene alrededor de 16 productos. Pero, salvo el atún en lata, no cuenta con proteínas.

Apelar al ingenio

¿Qué podemos hacer, dentro de nuestras enormes limitaciones, para sobrevivir a estas dificultades?

“Aun existen opciones, pero hay que trabajar el tema formativo: cómo sustituir alimentos, cómo rendirlos, cómo hacer un uso óptimo de los vegetales, hortalizas y tubérculos que compramos, apelar a recetas innovadoras, saber cuáles son las raciones adecuadas para mantenernos nutridos, para superar esta crisis sin enfermarnos”, dice  Guadalupe Muñoz, directora de La Escuela Venezolana de Alimentación y Nutrición.

Por ejemplo, esta experta recomienda poner los tubérculos por encima de las harinas refinadas.

“No nos matemos por pan porque la harina refinada no tiene poder de saciedad real ni duradero, una familia puede alimentarse más y mejor con un kilo de yuca que con 3 canillas raquíticas, empecemos a rendir los guisos con vegetales como el calabacín, la berenjena, hagamos ensaladas con vegetales cocidos, usemos granos, pero en especial aprovechemos esos tubérculos que tanto hemos olvidado o limitado a las sopas: el ñame, el ocumo, el ocumo chino, el apio, la yuca”, apunta la nutricionista.

A su vez, recomienda buscar los precios “menos caros”

“Las grandes cadenas tienen los productos de origen vegetal por las nubes, pero hay opciones más populares. Aprovechemos las frutas de temporada para obtener vitaminas y minerales, ahora el melón está de temporada, tenemos que preferir los alimentos de origen vegetal por encima de los productos refinados, gastar lo menos que podamos en chucherías, en refrescos, todavía hoy hay gente que prefiere pagar una mayonesa o una margarina antes que comprar tubérculos, frutas, o vegetales, busquemos un estado de salud óptimo incluso con una alimentación de resistencia”, finaliza.

Y tú ¿cómo estás haciendo?

Tags