El Grillazo

La otra migración: ¡Al trabajo informal!

La lucha por sobrevivir a la crisis económica pasa por crear nuevos mecanismos que nos permitan “mejorar” nuestra situación actual.

El psiquiatra austriaco Viktor Frankl decía que cuando un individuo no podía cambiar una situación, éste tenía el desafío de cambiarse a sí mismo para poder avanzar.

Es decir, transformarse en algo más con el objetivo de lograr un cambiar exitoso en nuestra realidad. Y es en la Venezuela actual en donde esta frase adquiere una veracidad casi impúdica, en especial en materia laboral.

Al trabajo informal

La crisis que atraviesa Venezuela desde hace 5 años ha obligado a una parte de la población a cambiar la forma en que se ganaba la vida.

Incluso muchos venezolanos han abandonado sus puestos de trabajos tradicionales en busca de otros medios (más lucrativos) con los cuales poder cubrir sus necesidades más próximas.

Al respecto, Vicente Brito, expresidente de Fedecámaras y presidente de la Red por la defensa al trabajo, la propiedad y la Constitución, ha señalado en reiteradas oportunidades que el trabajo informal en Venezuela se ha venido incrementando registrando un promedio de 48%.

Brito advierte que para el 2019 se espera que esa cifra alcance el 55%, aunque otros más pesimistas aseguran que podría pasar el 60%.

El expresidente de Fedecámaras explica que mientras para el 2015, de acuerdo con las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), más de 8 millones de personas estaban laborando en la economía formal, unos 5,4 millones trabajaban en la economía informal, afirmando que esta cifra que representaba entre 42% y 43% de informalidad, en estos momentos oscila entre el 46% y 50% dependiendo de la región del país.

Sobre esto, especialistas en el tema como Demetrio Marotta, economista y profesor universitario, asegura que “más de 60% de la población tiene una posición laboral vulnerable” y que la crisis está provocando que cada vez más estudiantes participen en alguna actividad laboral informal.

Marotta explica que las dos terceras partes de la masa laboral del país, no tienen un empleo estable y bien remunerado, por lo que se ven obligados a recurrir a otras alternativas para poder sobrevivir y llevar el sustento diario a su familia, lo cual no resulta fácil en estos momentos cuando la inflación está destruyendo cualquier poder adquisitivo.

¿Un trabajo lucrativo pero ruin?

Dentro de esta difícil situación económica, el país también ha visto el surgimiento de un nuevo fenómeno laboral categorizado como una práctica socioeconómica de características delictivas, que lleva por nombre “bachaqueo”.

Esta actividad se caracteriza por la reventa de productos de primera necesidad a precios que superan hasta 100 veces, o más, su valor oficial.

Esta práctica, al facilitar el autoempleo, es difícil de erradicar debido a la rápida obtención de ingresos, además de permitir la libertad de horario y la evasión de impuestos, generando además una carga social a futuro, debido a que los practicantes no están incluidos en el Sistema de Seguridad Social y mucho menos tienen acceso a servicios de Seguridad y Salud laboral.

Y es que la crisis inflacionaria ha convertido el contrabando de productos de primera necesidad  en una “industria” informal, ilegal, propiciadora del caos.

Analistas aseguran que la regulación de precios, ligado a la hiperinflación que azota al país, avivan la extracción al mercado negro de productos regulados a precios falsamente bajos en el mercado venezolano, motivando que la fuerza del fenómeno llamado bachaqueo, vaya en aumento.

El matador de tigres

Es de esa necesidad que han surgido los llamados trabajos “freelancers”, actividad que en el último año ha ido en aumento.

Este auge se debe la posibilidad de ganar, en un par de horas, lo que ganarían en un mes de trabajo tradicional.

Muchas empresas internacionales se han aprovechado de la situación económica por la que atraviesa Venezuela, para contratar a distancia a jóvenes venezolanos a quienes les pagan hasta 50 dólares mensuales para realizar trabajos que en un mercado internacional legal se cancelarían hasta en 800 dólares.

La grave crisis económica y el desplome total en los niveles de vida de los venezolanos, han convertido al país en un feudo de mano de obra barata e informal.

Administración pública; una realidad desoladora  

Actualmente, una familia con un ingreso equivalente a dos salarios mínimos integrales sólo puede adquirir alimento para 15 días, por lo que muchas personas prefieren renunciar a sus trabajos oficiales y optar por la economía informal como un medio alternativo o complementario para obtener más dinero.

Servando Carbone, directivo de la Unión Nacional de Trabajadores, afirmó que solo en la administración pública ocurren diariamente entre 300 y 400 renuncias.

Carbone añade que los sindicatos estiman haber perdido al menos 5 millones de empleos formales en el sector público y privado.

En el mismo orden de ideas, Marcela Máspero, representante de la Unión Nacional de Trabajadores, indica que tanto en Pdvsa, como en el sector eléctrico y las empresas básicas del Estado, se realizan renuncias masivas para migrar a otros países o dedicarse al “bachaquerismo” de alimentos.

“En Pdvsa prohibieron las renuncias y en el sector eléctrico los trabajadores son sustituidos por militares sin conocimientos, el fenómeno está afectando la productividad en Bauxilum y Venalum”, señala Máspero.

Y los que se quedan ¡protestan!

“Las protestas laborales se aceleran debido al hambre y los bajos salarios”, advierte la coordinadora nacional de la Unión Nacional de los Trabajadores.

“2018 comenzó con protestas por parte de sectores sindicales con algún vínculo con el oficialismo. Un caso emblemático son los 60 sindicatos que manifestaron en el estado Carabobo en contra del cierre de empresas, deterioro del aparato productivo, falta de empleo y la ausencia de respuesta por parte del gobierno regional y central” (…) En enero de 2018 se contabilizaron en todo el país 109 protestas relacionadas con los servicios públicos, alimentación y el tema salarial”, precisa Máspero.

Máspero plantea que cada trabajador necesita al menos 98.1 salarios mínimos para acceder a la canasta alimentaria “y este factor es transversal a la crítica situación laboral que vivimos. El hambre, la pobreza y también la salud están afectando al trabajador. Muchos, por ejemplo, toman la decisión de no asistir al trabajo porque sale más barato no salir de la casa: el pasaje diario consume hoy gran parte del presupuesto familiar”.

¿Qué hacer?

Pero, ¿cómo frenar el aumento del trabajo informal y la deserción laboral en las instituciones o empresas del Estado? Para los especialistas es sencillo.

Todos concuerdan en que para revertir las condiciones existentes que promueven la economía informal, el ausentismo laboral y específicamente el bachaqueo, es necesario mitigar la escasez de bienes, eliminar las restricciones comerciales, reforzar la confianza y estimular la inversión privada, además de generar políticas económicas certeras que frenen la espiral inflacionaria… Bueno, no parece tan fácil, pero habría que intentarlo.

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