El Grillazo

¿Qué ha pasado con la “integración latinoamericana”?

A partir de los años noventa, dentro de un contexto de globalización creciente, los procesos de integración entre países de una misma región han tomado fuerza en el mundo y América latina no fue la excepción.

En los últimos veinte años los países suramericanos y centroamericanos han consolidado y creado una serie de esquemas de integración como el Mercosur (Mercado Común del Sur), han creado nuevos ejes de integración como el Alba (Alternativa Bolivariana para América Latina), Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) y Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe).

Pero ante el proceso de reorganización de la derecha en América Latina y la judicialización de la política, como en el caso de Brasil, surge la pregunta ¿cómo se encuentra el proceso integracionista que la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) junto a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) que llevaron a la consolidación de un proceso de cambio social y político en el continente?

Los orígenes

Pero antes de responder esa pregunta, primero debemos explicar de dónde surge la idea de integrarnos como una unidad latinoamericana. Estos esfuerzos se iniciaron a principios de la década de 1960 en gran medida inspirados en la Comunidad Económica Europea (CEE), que desde entonces siguió evolucionando hasta la actual Unión Europea (UE).

Pese a que ha pasado por no pocas turbulencias, incluido el caso aún no resuelto de la salida del Reino Unido -conocido como Brexit- el europeo aún es considerado como el mecanismo de integración más exitoso del mundo.

La UE no solo dispone de un mercado único con libre circulación de bienes, servicios, trabajadores y capitales; también posee una moneda compartida por 19 de sus 28 miembros; una política exterior y de seguridad común.

Mientras tanto, en América Latina las múltiples iniciativas regionales están aún lejos de dar resultados comparables a los de la UE y tampoco son ajenas a las crisis internas.

Las razones

Caso UNASUR

En opinión del periodista y director de la revista impresa y del sitio Resumen Latinoamericano y del Tercer Mundo, Carlos Aznárez, el camino integracionista iniciado por el expresidente venezolano Hugo Chávez se encuentra en un estado crítico.

Aznárez comentó que los organismos creados para impulsar la integración de los pueblos latinoamericanos como la Unasur y Celac pasan por un proceso de silencio.

“Desde que Ernesto Samper dejara la secretaria de Unasur, en enero de 2017, la organización quedó moribunda, porque Argentina, Perú, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay, Ecuador, Surinam, Guayana, Bolivia, Venezuela y Colombia discreparon incluso sobre su sucesor”, expresó.

El momento más álgido se produjo cuando 6 de los 12 miembros del organismo anunciaron su decisión de suspender su participación en las reuniones de ese mecanismo.

Caso Mercosur

Por su parte, Mercosur manifiesta señales de vida, pero con giros profundos.

Durante un debate organizado por el Real Instituto Elcano sobre el ciclo electoral latinoamericano, un asistente señaló a los ponentes que no les había escuchado decir ni una palabra sobre integración.

Daniel Zovatto, director de América Latina y El Caribe de IDEA Internacional, le contestó reconociendo que el liderazgo regional no presta atención al tema de la integración porque ya no tiene gancho electoral, aunque previsiblemente los presidentes de Argentina y Chile, Mauricio Macri y Sebastián Piñera, con Uruguay y Brasil, intentarán una mayor aproximación entre Mercosur y la Alianza del Pacífico.

ALBA-TCP

La Alianza Bolivariana para los Pueblos de América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), es uno de los organismos que aún sobreviven a la debacle política que sacude a la región, aunque no es un organismo con suficiente fuerza para ser una voz potente en el continente que haga contrapeso a la apatía integracionista debido al número de naciones que lo integran: Bolivia, Cuba, Dominica, Granada, Nicaragua, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Surinam y Venezuela.

José Antonio Sanahuja, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, señala que la primera diferencia de la UE con América Latina es la complementariedad de sus economías pues los principales socios comerciales de los europeos son otros países del bloque, mientras en América Latina, suele ser mucho más importantes el comercio con Estados Unidos y China.

“La integración regional necesita tener fundamentalmente una base económica. Debe permitir el intercambio de bienes, servicios, capitales y trabajadores, y tiene que servir para adoptar políticas económicas comunes entre los estados miembros”, explica Sanahuja.

Hablando de economía

“En términos económicos el esquema más exitoso es el Sistema Centroamericano (SICA). Aproximadamente un 26% de sus exportaciones las hacen entre ellos mismos. La mayor parte de ese comercio lo realizan pequeñas y medianas empresas y, además, es de bienes industriales. Esto también lo vemos en Mercosur, que se ubica en torno a 21% y sus exportaciones también son manufacturas”, comenta Sanahuja.

Finalmente, el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, cuestiona que se haga descansar los sistemas de integración en la afinidad ideológica de un grupo de presidentes o de gobiernos, algo que -asegura- ocurrió en los casos de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA) y de la Alianza del Pacífico.

“Lo peor que le puede pasar a un organismo regional es que dependa de la coincidencia astral de que haya un ciclo de gobiernos que se entiendan políticamente. Ellos se ponen de acuerdo pero ¿qué pasa cuando ese ciclo político termina? En esto hay que ser serios, adoptar tratados, establecer instituciones y, en esos marcos, adoptar acuerdos que trasciendan los ciclos políticos. Eso es lo que tenemos muy poco en la región”, apunta.

¿Qué hacer?

La integración será una quimera mientras prosperen el dogmatismo, la desconfianza en la democracia y en el vecino, el escaso sentido de Estado y la tortuosa relación con Estados Unidos.

Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua en un bando, y las demás naciones, en el otro, con notas a pie de página en función de la orientación ideológica y de los cambios de gobierno y de programas derivados de los resultados electorales no es positivo.

El rumbo de la integración latinoamericana parece entonces algo incierto frente a la fragmentación de los procesos y las dificultades que enfrenta cada bloque regional para profundizar la integración y para establecer y consolidar relaciones con otras regiones del mundo.

Es importante que siga habiendo intercambios que permitan dar cuenta de los logros, los desafíos y los elementos potencializadores de una verdadera integración latinoamericana.

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